La visibilidad no se come

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La frase lapidaria de hoy da mucho juego.

En tiempos convulsos como los presentes, damos por buenas fórmulas creativas de colaboración como los trueques, más viejos que la sopa de ajo, por otra parte. Personalmente soy una gran fan de los trueques, pero lo cierto es que siempre llega un momento más temprano que tarde en el que o en el trueque hay dinero mediante o toca a su fin. Este es el sentido que ha querido darle Dirty Harry a la frase de Álvaro Sobrino.

Yo quiero aprovechar para reflexionar también sobre algo más sutil que la frase puede evocar y que se viene produciendo cada vez más en los últimos tiempos: la búsqueda de la foto perfecta, aparentemente, sin importar nada más.

Mi mantra como editora de este magazine es el mismo desde el principio: “sin unos ingredientes de calidad y una buena receta, nada -por mejor aspecto que tenga- merece ser degustado”.  Como amante de las cosas bonitas, no solo entiendo la importancia de la estética en un sector como el nuestro, sino que creo que es una necesidad, pero la ética debe imponerse siempre, logrando un equilibrio suficiente entre lo visual, lo conceptual y lo concreto. La comida entra por los ojos, pero se disfruta en el paladar.

 

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